Desperté sobre un
extenso páramo verde, no hay absolutamente nadie a mi alrededor. Me levanto y
parto rumbo hacia una montaña que veo en la distancia.
Mientras estoy
caminando me pregunto cómo llegué a este lugar de cielo despejado. Me choco con
un árbol, no sé de dónde apareció, es muy grande. El árbol es tan grande que
tengo que caminar durante unos buenos cinco minutos para poder darle la vuelta.
Una vez del otro lado sigo caminando pero algo se apodera de mi atención,
escucho algo arriba, en las ramas del árbol. Siento un golpe en la cabeza y me
desmayo.
Despierto sin idea de
dónde estoy, otra vez, mi vista está nublada. Creo ver unas personas con muy
peludas y oscuras. Me refriego los ojos con las manos y veo a una familia de
monos de chocolate, muy cómodos con sus muebles de madera. Miro hacia abajo,
estoy sentado en un sillón de madera muy bien acolchado, la ventana me muestra
que esto es una casa en el árbol.
Un mono de chocolate
se me acerca para tomar mi mano y llevarme a la mesa, con el resto de su
familia. Empieza a hablar en idioma mono de chocolate, lo entiendo
perfectamente. Me explica que no soy de este lugar, que nunca ha visto nada como
yo y que, si no me apresuro, no podré volver a casa.
Ceno con la familia,
insisten en que pase la noche allí y que a la mañana parta hacia la montaña,
que esa es la puerta a casa.
Me despierto a la
mitad de la mañana, no veo a los monos de chocolate, los oigo gritar fuera de
la casa. Lo peor es el motivo por el que despierto, la casa está llena de humo,
el árbol se incendia. La puerta está cubierta de fuego, también la escalera de
emergencia. Salgo por la ventana, hay varios metros hasta el pisto, los monos
de chocolate están allí, observándome. Subo por las ramas del árbol hasta
encontrar una enorme hoja, me cuelgo de esta hasta que se desprende del árbol.
Para cuando me doy
cuenta me he alejado mucho del árbol, usé la hoja para planear fuera del incendio,
el humo me levantó por lo que pude alcanzar una gran distancia. No sé qué ha
sido de los monos de chocolate.
Caminando llego a un
pueblo, los habitantes se sorprenden al verme, son muy parecidos a un conejo.
Los habitantes son conejos rechonchos, con y todos, absolutamente todos, tienen
una larga y sedosa cabellera rubia. Ellos no caminan, ellos ruedan. No existen
las escaleras en ese pueblo, solo rampas. Las puertas son redondas y los
habitantes felices, casi siempre comiendo.
Uno de ellos se acerca
y empieza a hablar con un increíble buen español: -Muy buenos días. Para llegar
de nuevo a su hogar debe seguirme hacia la montaña, allí podrá volver-. Sigo al
habitante rodador hasta la montaña, hay una puerta de piedra cuyo ignoto
interior me intriga. “¿Será mi salida?” pienso mientras el Sr Conejo Rodador
usa su pelo (que al parecer puede mover como sus extremidades) para abrir un
cerrojo con una llave negra.
La puerta se abre
haciendo un ruido insoportable, el Sr Conejo Rodador me mira, esperando a que
entre. Está muy oscuro, no quiero entrar. El Sr Conejo Rodador está por decir
algo pero unos gritos provenientes del pueble lo interrumpen.
Ahora sé qué le pasó
a la casa-árbol de los monos de chocolate, un enorme y rojo dragón surca los
cielos en nuestra dirección. El Sr Conejo Rodador y yo nos miramos al mismo
tiempo que la puerta se empieza a cerrar. Corremos hacia ella, no, corrijo.
Corro hacia ella mientras el Sr Rodador rueda con una velocidad increíble. Una
vez dentro nos damos media vuelta para ver como el dragón mete su boca por la
puerta que todavía no se había cerrado.
Cuando el dragón
comienza a toser temo lo peor, nos escondemos a un lado de la puerta justo a
tiempo para que la ardiente llamarada que despide el dragón no nos queme. El dragón
se corre y la puerta se cierra.
Más malas noticias,
la llamarada del dragón ha iluminado el lugar por unos segundos… es decir, ha
despertado a lo que vive dentro de la montaña, prefiero volver con el dragón.
Dos enormes y
brillantes ojos se ven dentro de la montaña, el cuerpo de ese ser despide luz
desde varios agujeros. Pronto me doy cuenta que es una especie de fuego azul.
Gracias a esto toda la cueva dentro de la montaña se revela, el inmenso
precipicio dónde está parado ese ser se revela y su cabeza, junto con sus dos
gigantes manos también.
El Sr Conejo Rodador
está llorando, saca una bolsa de caramelos de su bolsillo y come treinta y
cuatro sin parar. El dragón rompe la puerta, mira al ser, el ser lo mira, el
dragón vuelve por dónde vino, nosotros también, el ser ruje.
Corro fuera de la
montaña, no tengo idea de cómo regresar a mi hogar. Es de noche, los habitantes
de la noche están por todos lados. La montaña se destruye, el ser saca su
enorme cuerpo de allí. No sé qué hacer.
Me doy media vuelta
para ver al Sr Conejo Rodador, este ha crecido, tiene el tamaño del ser, me
toma con su pelo y me deposita en su oreja. El ser nos mira, nos enfrenta. El
Sr Rodador está decidido, el ser se prepara para pelear. En un abrir y cerrar
de ojos el Sr Rodador empieza a girar a una velocidad increíblemente alta, yo
estoy bien agarrado de su oreja pero está girando muy rápido.
Mi amigo me toma con
su cabellera y usando la velocidad acumulada me lanza a uno de los agujeros
flameantes del ser, vuelo en contra de mi voluntad y caigo en el agujero, las
llamas me rodean.
Antes de poder sentir
a las llamas quemándome caigo en un estanque de agua cristalina que se
encuentra dentro del ser, muy en el fondo veo una compuerta, tomo aire y voy
hacia ella. Mientras intento llegar a la compuerta veo calamares negros a mi
alrededor, intentan tomarme pero me libero con mucha dificultad. Abro la
compuerta y todo este mundo se drena.
Estoy en la nada,
todo es oscuro, el piso es muy duro y de un color negro muy opaco. Escucho una
voz, veo a mi gato acercándose:
-Parece que has recorrido un largo camino para llegar aquí,
y lo valdrá, solo en este lugar podrás entender lo que digo así que aprovecharé
para comentarte algo. Tengo hambre- Dijo con una voz ceremoniosa y grave.
Me agacho e intento tomarlo pero se desvanece, todo se
desvanece.
Me despierto, he desarmado toda la cama y mis peluches se
cayeron al piso. Empiezo a caminar por la casa, todo está normal. Encuentro el
tazón de comida de mi gato, él está abajo, me mira y maúlla, tiene hambre.
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